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El potencial de la Apitoxina puede validarse desde distintos tipos de acción. Muy difundidos son sus efectos estimulantes sobre el sistema inmunológico, los cuales se manifiestan en la formación de células multinucleares, monocitos, macrófagos, linfocitos T y B; además de reducir el contenido de proteína en el plasma sanguíneo por la variación de la permeabilidad de los vasos, así como la estabilización del ritmo cardíaco y la presión arterial, pues posee propiedades antiarrítmicas mediante la excitación eléctrica y la inoculación de estrofantina.
La Apitoxina influye efectivamente en el sistema nervioso, bloqueando la transmisión de estímulos a las sinapsis periféricas y centrales, mejora la conducción de los impulsos de la fibra nerviosa y disminuye la desmielinización.
Durante el tratamiento de enfermedades no se forman anticuerpos específicos contra la Apitoxina y por ello el cuerpo no se acostumbra a esta. Las picaduras repetidas en el organismo son cada vez más efectivas. En dosis próximas a las tóxicas es capaz de alterar los procesos de regulación normal, inhibe la actividad reticular descendente y ascendente; y ejerce una fuerte influencia sobre las regiones superiores del sistema nervioso central, en particular sobre la corteza de los hemisferios del cerebro.
Además la acción dilatadora de la Apitoxina actúa sobre los vasos capilares, acelera e intensifica la circulación sanguínea, provocando además un efecto hipotensor. En la sangre puede inactivar la tromboplastina plasmática y tisular, disminuyendo la actividad trombínica (efecto anticoagulante). |
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Luego de haber descartado en el paciente el factor de alergia y dependiendo de la naturaleza de la enfermedad o dolencia a tratar; se iniciarán las sesiones de terapia donde gradualmente se irán aplicando “microdosis” del veneno de abeja en diferentes zonas del cuerpo del paciente por 2 ó 3 segundos cada una.
El Apiterapeuta realizará un mapa de “la ruta del dolor” en todo el cuerpo del paciente, se identificarán los puntos físicamente afectados y se marcarán para su estimulación gradual. El tratamiento avanzará con aplicaciones locales y sistémicas.
Normalmente la terapia se realiza en sesiones semanales con una frecuencia de una sesión por semana. En la primera sesión se podrán realizar 3 ó 4 aplicaciones en diferentes puntos del cuerpo, incluyendo el test de tolerancia; en la medida que la terapia avance, las “picaduras” podrán incrementarse gradualmente hasta un rango que puede variar entre 12 y 15 aplicaciones dentro de una misma sesión. Todo dependiendo de la naturaleza de la enfermedad o dolencia del paciente y de la respuesta de su organismo al avance del tratamiento. |


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La Apitoxina posee al menos siete agentes biológicos muy activos que además se potencian entre si y que provocan una cadena de efectos terapéuticos sobre el organismo.
En primer lugar se encuentran los “agentes dilatadores y dispersantes” del veneno que son la Hialuronidasa, la Fosfolipasa A2 y la Histamina V. Estas sustancias tienen la función de “abrir los canales para la acción terapéutica” mediante la dilatación de los poros en los tejidos, los vasos sanguíneos y los espacios intercelulares para que los “agentes terapéuticos” del veneno puedan actuar de manera más efectiva y dispersa. Estos “agentes terapéuticos” son la Apamina, la Adolapina, el Péptido MCD o 401 y la Melitina.
La Apamina excita el sistema nervioso, actúa sobre el eje “hipofisicorticorrenal” e induce el aumento de la secreción de cortisol endógeno en el organismo, el cual a su vez en el cerebro estimula la liberación de neuromediadores y endorfinas responsables de la elevación anímica observada en los pacientes que se tratan con Apiterapia.
Por otra parte, la Apamina inhibe en el organismo la secreción de prostaglandina E2 (PE2); siendo este un neuromediador “mensajero del dolor” que es producido en las plaquetas humanas y que a su vez al llegar al cerebro activa la respuesta de aumento de la temperatura o fiebre en el organismo. Este aumento de la temperatura es responsable del mecanismo inflamatorio en el cuerpo.
La Adolapina inhibe la acción de una enzima llamada ciclooxigenasa, que convierte el ácido araquidónico en prostaglandina E2, sustancia que como ya vimos es responsable directa de la sensación de dolor a partir de estímulos que pueden ser mecánicos, térmicos, químicos o eléctricos; y que también es responsable de la respuesta inflamatoria del organismo.
La Adolapina refuerza la acción analgésica y antiinflamatoria de la terapia. En experiencias de laboratorio demostró que es 70 veces más efectiva que la INDOMETACINA, medicamento antiinflamatorio comúnmente recetado en tratamientos contra la Artritis Reumatoide.
El Péptido MCD ó 401 posee cualidades antiinflamatorias debido a su capacidad de inhibir la acumulación de proteínas plasmáticas, resultando entre 2 y 100 veces más efectivo que la INDOMETACINA, MEPIRAMINA MALEATO, FENILBUTAZONA, SALICILATO DE SODIO, ACTH y DEXAMETASONA en la respuesta antiinflamatoria.
En estudios de laboratorio demostró ser 100 veces más efectivo que la HIDROCORTISONA en el tratamiento de la inflamación sinovial que caracteriza a enfermedades como la Artritis Reumatoide.
La Melitina eleva los niveles de cortisol en la sangre a través de la estimulación y activación de las glándulas suprarrenales. El cortisol actúa en el cerebro sobre la glándula hipófisis induciendo la liberación de neuromediadores que tienen directa relación con la elevación del ánimo de los pacientes.
La Melitina inhibe la producción de interleuquinas I y II de los linfocitos T; responsables directos de la iniciación y mantención de la cadena de reacciones inmunológicas que propician la aparición de enfermedades autoinmunes.
Adicionalmente, la Melitina tiene cualidades antibacterianas pues inhibe el crecimiento de 20 a 30 diferentes cultivos de cepas bacterianas. Es más efectiva que la PENICILINA contra bacterias gram-negativas. |







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¿QUÉ ES LA INFLAMACIÓN?
La inflamación se define como una REACCIÓN DEFENSIVA LOCAL integrada por alteración, exudación y proliferación. Se le ha llamado “el síndrome local de adaptación”. La reacción es desencadenada por estímulos de muy diversa naturaleza que pueden ser físicos (mecánicos), químicos, térmicos, eléctricos y/o por microorganismos como bacterias, hongos o parásitos. El carácter defensivo se entiende desde el punto de vista local, aunque una inflamación puede conducir a la muerte del individuo si se desarrolla en órganos vitales.
Signos referentes de la inflamación
Inicialmente se definen cuatro signos referentes asociados al cuadro inflamatorio: rubor y tumor con calor y dolor. Posteriormente se agrega un quinto signo: perturbación funcional.
Hasta pasada la Edad Media la inflamación era considerada una enfermedad y sólo en el siglo XVIII se reconoció que se trataba de UNA REACCIÓN ADAPTATIVA DE DEFENSA. En el siglo XIX destacó la importancia del trastorno circulatorio en la inflamación y su particularidad de acompañarse de un trastorno de la permeabilidad vascular. Así el año 1884 se marca un hito con el descubrimiento de la fagocitosis, cuadro de acción biológica que está presente en los procesos inflamatorios. |
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EFECTOS DE LA INFLAMACIÓN
A través de los efectos que se señalan a continuación se puede comprender mejor el carácter defensivo local del proceso inflamatorio. Los efectos que provoca la inflamación son los siguientes:
1.– Dilución de toxinas. 2.– Aporte de oxígeno y de anticuerpos. 3.– Remoción de metabolitos tóxicos. 4.– Formación de una red de fibrina que delimita el proceso inflamatorio. 5.– Estímulo del proceso inmunitario por transporte de microorganismos y toxinas a los ganglios linfáticos. 6.– Fagocitosis, microfagia y macrofagia de agentes nocivos. |
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Los receptores de dolor y su recorrido nervioso difieren según las distintas partes del cuerpo. Por ello varía la sensibilidad del tipo y localización del daño. Ejemplo, los receptores de la piel son muy numerosos y capaces de entregar coordenadas muy precisas de una lesión o herida, en cambio el intestino entrega señales limitadas e imprecisas. Se puede pinchar, quemar o cortar y no producirá señal alguna de dolor; sin embargo la presión o su estiramiento e incluso algo tan inocuo como burbujas de aire atrapadas en su interior pueden provocar un dolor intenso.
También es posible que el dolor percibido en algunas partes del cuerpo no represente con certeza dónde radica su origen. Esto se conoce como dolor reflejo. Ejemplo, el dolor producido por un ataque al corazón puede sentirse en el cuello, mandíbulas, brazos o abdomen y el dolor de un cálculo biliar puede sentirse en el hombro. |
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¿QUÉ ES EL DOLOR?
El dolor es un fenómeno subjetivo consistente en una sensación desagradable que indica una lesión real o potencial del cuerpo. Es un mal necesario pues es un mecanismo de alerta.
La sensación dolorosa se inicia en los receptores especiales del dolor que se encuentran repartidos en todo el organismo. Estos receptores transmiten a través de neuromediadores como la prostaglandina E2 la información en forma de impulsos eléctricos hacia la médula espinal a lo largo de las vías nerviosas y luego hacia el cerebro. En ocasiones la señal provoca una respuesta refleja al llegar a la médula espinal; cuando ello ocurre, la señal es inmediatamente reenviada por los nervios motores.
La tolerancia individual al dolor difiere considerablemente de una persona a otra. La capacidad para soportar el dolor varía según el estado de ánimo, la personalidad y las circunstancias.
Algunos de los principales síndromes dolorosos son el dolor neuropático (anormalidad en cualquier punto de la vía nerviosa), estados dolorosos posteriores a alguna cirugía, el dolor del cáncer y el dolor asociado a trastornos psicológicos. El dolor crónico es también uno de los principales aspectos de muchas enfermedades, produciéndose de manera característica en los pacientes con artritis, anemias de células falciformes, enfermedad inflamatoria del intestino y el SIDA. |


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Antes de iniciar la terapia se debe realizar al paciente un “test de tolerancia” a objeto de descartar que éste tenga una reacción alérgica a la Apitoxina.
Esta acción es esencialmente por precaución, pues aunque sólo un 2% de la población global es alérgica al veneno de la abeja, en las personas hipersensibles se puede ocasionar un “shock anafiláctico” con severos trastornos si la persona no es tratada oportunamente con un antídoto. El Apiterapeuta debe estar preparado para reconocer los síntomas y controlar esta situación.
La respuesta del organismo es inmediata, por lo que luego de observar al paciente por unos minutos se sabrá si éste es alérgico o no a la Apitoxina. |